Muchas veces nos hemos preguntado por las razones que el gobierno de Estados Unidos ha tenido para no mostrar una actitud más solidaria con la lucha del pueblo venezolano por preservar las instituciones y la pluralidad democrática; es sospechosa la complacencia del Sr. Busch ante el gobierno de Venezuela, que camuflado en un traje democrático, escudándose en la frecuente realización de elecciones, amañadas por cierto, viola continuamente los derechos humanos de una cifra importante de la población, despreciando las convenciones internacionales y la propia constitución nacional. La respuesta parece radicar en que ambos gobiernos, en el fondo, se complementan, los dos tienen un comportamiento similar en la escena internacional; de allí que el gobierno norteamericano tiene poca autoridad moral para exhortar al gobierno venezolano a cumplir las normas de una democracia liberal.
Todo el mundo sabe, para nadie es un secreto que en distintas épocas los gobierno de Estados Unidos, en defensa de sus intereses económicos, han apoyado irrestrictamente regimes proscritos en varias partes del mundo, tapándose los ojos y los oídos para no escuchar ni ver el clamor de esos pueblos que vieron violados todos sus derechos, donde los principios democráticos estaban completamente ausentes y cuyos ciudadanos se vieron privados de los niveles básicos de bienestar social; como ejemplo tenemos a Saddam, el Sha, Noguera, Stroessner, los Somoza, Batista, Trujillo, Duvalier, Suharto, Marcos, Pinochet y muchos otros casos. Igualmente, abundan los casos que con la idea de restituir la democracia perdida, los gobiernos de Estados Unidos ayudaron a derrocar, o lo hicieron directamente, gobiernos tiránicos cuando estos dejaron de ser útiles a sus propósitos, de ser dóciles a sus designios; eran gobiernos que ellos mismos habían impuesto y ayudado a mantener. Allí están los casos de Noguera en Panamá y el más reciente, Sadam en Irak. El mismo procedimiento ha sido aplicado cuando se trataba de gobiernos de tinte izquierdista que tomaban decisiones contrarias a los intereses económicos norteamericanos, la invasión a Granada ilustra bien este punto o la invasión a la República Dominicana a comienzos de los años sesenta.
Sería herético afirmar el gobierno norteamericano apoya directamente al gobierno venezolano, igualmente sería inapropiado catalogar a nuestro gobierno de dictatorial. Lo que si podemos hacer es indicar que se trata de un gobierno autoritario, nepótico, irrespetuoso, manipulador, mentiroso, que controla a los otros poderes públicos, que irrespeta y atropella a los disidentes y medios de comunicación, que incumple el mandato constitucional de garantizar la vida y la propiedad de los bienes, antes por el contrario promueve las invasiones ilegales de fincas y propiedades, atenta contra el derecho de los trabajadores a la libre asociación en sindicatos independientes, crea estructuras paralelas de poder para evadir algún intento de control legal, dilapida los recursos públicos, que engaña y manipula a la población de menores recursos con algunas dadivas en salud y en impartirles una educación “de comiquita”, buena para nada. En fin todo un prontuario que sería muy largo enumerar. ¡Ah! pero es que también podemos aseverar que muchas de las características nombradas anteriormente, en especial las referentes a las violaciones de los derechos humanos, la manipulación y la mentira reiterada como política de Estado, han sido aplicadas abiertamente por el gobierno norteamericano en Afganistan e Irak, según se desprende de las profusas noticias periodísticas, ni que decir del apoyo que dan a Israel donde este último toma venganza con los palestinos del trato recibido de manos de los nazis.
En cuanto al verdadero leit motif de la relación con el gobierno venezolano, lo podemos encontrar en el fortalecimiento del comercio binacional el cual alcanza niveles nunca vistos, que según analistas criollos, este año llegará a una cifra record superior a los 40 mil millones de dólares, algo inesperado por cierto, particularmente cuando una de las partes se ha declarado enemiga de la otra. Quizás allí está clave de la actitud pasiva del gobierno de Estados Unidos frente al comportamiento poco democrático del gobierno chavista, autoproclamado revolucionario. En Venezuela, hasta ahora no se ha tomado una sola medida que atente contra los intereses económicos norteamericanos. Los frecuentes escarceos políticos provocados por Chávez y de vez en cuando contestados por voceros estadounidenses, sirven para alimentar el nacionalismo inocente de la gente del pueblo que se cree el cuento. La verdad es que el gobierno norteamericano mientras los negocios vayan bien no tomará ninguna acción que se pueda interpretar como una represalia directa, se dejará insultar, a fin de cuentas los insultos son como los cachos en los matrimonios infieles, no duelen. La actitud despreocupada y licenciosa del gobierno norteamericano mantiene y soporta a Chávez quien, con un paso atrás y dos hacia delante, avanza hacia la consolidación de su poder, pasándose por la bragueta las leyes e imponiendo su proyecto de gobierno violatorio de la constitución, sin que hasta ahora la población haya visto una mejora sustancial y con sentido permanente de sus condiciones de vida.
