Estoy haciendo un paréntesis en mis escritos, no por carencia de temas, sino porque los asuntos políticos de los últimos días, marcados por las encuestas con miras a las elecciones del 23 de noviembre, el juicio sobre la actuación de agentes encubiertos en Estados Unidos, las denuncias con testimonios, probablemente forjados, de militares en retiro sobre intentos de golpe de Estado y magnicidio, ameritan un compas de espera y de observación. Esencialmente, estamos a la expectativa de que es lo que hará el Dictador cuando llegue a la encrucijada de unas elecciones perdidas. La decisión que tome será de importancia vital para el país. Tres escenarios podrían estar presentes; en el primer caso, el mandamás acepta la derrota y escoge el camino de la democracia plena. Esto sería una claudicación a sus aspiraciones tantas veces expresadas. En una segunda opción, el Comandante en Jefe decide darle una patada a la mesa y opta por la dictadura abierta, con las consecuencias catastróficas para la institucionalidad y la vida del país.
Por último, simula que acepta la derrota y la convivencia que ella significa, pero al mismo tiempo busca y consigue maneras de continuar apretando las manijas del totalitarismo, en cuyo caso veremos la reacción que tendrá la oposición, fortalecida por la victoria y con el apoyo nacional e internacional que habrá ganado. Muchos de los acontecimientos en desarrollo han sido visualizados y escritos en notas previas; así que espero corroborar algunos de mis otros pronósticos, que apuntan hacia el lado pesimista, o admitir mi equivocación, para ello solo debo esperar tranquilamente el desarrollo de la campaña electoral, donde sin duda tendremos indicios muy claros de la posición oficial y el resultado de los comicios.
