Esta es la última entrega de la comparación a grandes rasgos de dos estos personajes de la política latinoamericana. A partir del 1947 Trujillo ya consolidado su poder desvió su atención hacia la intromisión descarada en los asuntos internos de otros países. Es así como participó en el derrocamiento de gobiernos en Centroamérica, en la desestabilización de otros y en el apoyo de gobiernos dictatoriales en otras partes del continente, entonces plagado de gobiernos de esa tendencia, todos ellos con el apoyo del gobierno norteamericano (Departamento de Estado y la CIA). En el orden interno arreció la persecución a sus opositores con una gran ferocidad, desapareciendo físicamente a muchos de ellos, expulsando del país a otros y encarcelando al resto. Al mismo tiempo, acrecentaba su fortuna personal y propiciaba el enriquecimiento de sus colaboradores más íntimos, sus empleados de mayor confianza, como el mismo les denominaba.
A finales del la década de los cincuenta, Trujillo tomo parte activa en el soporte a la dictadura de Batista, en la desestabilización de los gobiernos de Haití y Honduras, y aunque despreciaba a Somoza este era uno de sus principales aliados. Los dictadores Perón, Batista y Pérez Jiménez se refugiaron en República Dominicana luego de ser derrocados y allí fueron extorsionados en aras de una supuesta protección, ni siquiera sus amigos se salvaron.
En resumen durante 31 años Trujillo gobernó con mano férrea a su país, desarrollando un gobierno represivo, siniestro, sangriento, una cruel dictadura militar cuyo desempeño en el plano político opacó todo el desarrollo que sus años de gobierno trajo en el plano comercial, industrial, agrícola y social (educación, salud).
Afortunadamente nuestro gobernante aun no ha alcanzado los estadios de degradación política a los que llegó Trujillo y ojala nunca los alcance, ojala los valores democráticos del pueblo sean lo suficientemente fuertes como para impedir, por vías legales, que esto suceda. Pero, como todos los dictadores se parecen, muchas de las acciones emprendidas por el gobernante venezolano son similares a las del dominicano, por ejemplo: su intención de poner sordina a las opiniones divergentes al gobierno, su afán de comprar lealtades externas con los dineros públicos, su intromisión en otros países, su empeño en rodearse de amistades de dudosa reputación democrática y de cuestionable aceptación internacional, su irrespeto a las formas diplomáticas, sus falsos mensajes nacionalistas y muchas otras manifestaciones entre las cuales no se puede dejar de mencionar su energía, su disciplina, su apego al trabajo por una supuesta felicidad de las masas a las que conocen profundamente y manipulan sin escrúpulos. Ellos son el Pueblo, la Patria, el Estado, el Gobierno. La historia comienza con ellos, la paz no es posible sin ellos, sin ellos no hay escuelas, salud, carreteras, industrias, hospitales. En dos platos, ni la Patria, ni el Estado son posibles sin su omnímoda presencia.
10/09/2009
